Três poemas de Roberto Juarroz

El poema continuo,
la escritura continua,
el texto que nunca se termina
y nunca se interrumpe,
el texto equivalente a ser.

La vida se convierte
en una forma de escritura
y cada cosa es una letra,
un signo de pontuación,
la inflexión de una frase.

Inaugural metabolismo
de una filología
que ha descubierto un nuevo verbo:
el verbo
siempre.

La poesía se escribe siempre,
vivir se vive siempre,
algo despierta siempre:
poema-siempre.

El ser es escritura.

Y una palabra es suficiente
para toda la acción:

siempre.
El otro verbo,

nunca,
es tan sólo su sombra.

***

Hay ángulos del mundo
o menos, sólo vértices,
una carta que inaugura una estrella,
un brote en un tronco decididamente seco,
un pájaro inverosímil
en la aguja inverosímil de un ciprés
recolectando o asociando
las tardes perdidas en la tarde,
el rostro por fin suyo de una mujer dormida,
una música que convierte todo ruido en pillaje,
la palabra que concentra en sí misma sus ecos
y demuestra que ninguna resonancia es necesaria,
que prueban que el paraíso es uno terreno repartido,
una flor o un dios diseminado
como una siembra impostergable
entre las multiformes aleaciones
del pensar y las cosas.

Y no es preciso sumar nunca esos ángulos,
ni tampoco abrirlos o cerrarlos
o armar otra figura
para adormecerse adentro,
sino aprender a leer las formas sueltas,
como quien al leer un solo párrafo
lee ya todo el libro.
Quizá todos los libros.

Basta un ángulo de cualquier paraíso,
un ángulo o un vértice,
aun de los paraísos repartidos,
perdidos, mutilados,
para aplacar los triunfos prepotentes,
los triunfos mal entrazados y viscosos,
de la muerte y los múltiples infiernos.

***

Una hoja en el árbol.
Otra hoja en el pensamiento.

Las dos hojas
penden de diferentes ramas,
pero el mismo viento del otoño
las hará caer a las dos.

[in Undécima Poesía Vertical, Pre-Textos, 2002]



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«Tenho a suspeita de que a espécie humana - a única - está prestes a extinguir-se e que a Biblioteca perdurará: iluminada, solitária, infinita, perfeitamente imóvel, armada de volumes preciosos, inútil, incorruptível, secreta» Jorge Luis Borges