Delibes, à distância

Antonio Muñoz Molina escreve, no Babelia, sobre Miguel Delibes (1920-2010). Um excerto:

«Miguel Delibes vivía retirado escribiendo y dando largos paseos por el campo. Era escritor porque escribía libros, no porque interpretara el personaje público de escritor a la manera española, a la manera francesa o latinoamericana. España es un país perezoso en el que siempre tienen éxito las coartadas para no leer a alguien. Delibes, se decía, era costumbrista y escribía sobre el campo, y el campo era una antigualla bochornosa para quienes aspirábamos a ambientar nuestras novelas en las grandes metrópolis internacionales: nosotros, que en la mayor parte de los casos no habíamos hecho más viajes al extranjero que los que nos pagaba el Ministerio de Cultura. Si Delibes hubiera sido propenso a los exabruptos de soberbia quizás le habríamos hecho más caso. Pero por no tener ni siquiera tenía una leyenda: no podía decirse que hubiera pertenecido a la cultura antifranquista, no se había exiliado; no circulaban sobre él esas historias de malditismo etílico que tanto contribuyen entre nosotros a cimentar una fama literaria. Miguel Delibes vivía en Valladolid como un funcionario y era padre de familia numerosa. La vejez y la enfermedad lo fueron volviendo discretamente invisible.
Una mañana de sábado, en la quietud algo tibetana de una gran biblioteca universitaria, he repasado alguno de los libros suyos que más me gustaron. El silencio y la lejanía, la rara conciencia de que Miguel Delibes acaba de morir, afilan el recogimiento de la lectura, su cualidad de regreso a un lugar muy querido que uno dejó de frecuentar hace demasiado tiempo. Me gusta ver en la estantería, en el edificio donde hay tantos millones de volúmenes a los que esta mañana casi nadie se acerca, los lomos alineados y familiares, la tipografía y la encuadernación de los viejos libros de Destino, en ediciones que en algunos casos son las mismas que yo leía de muy joven en otra biblioteca mucho más humilde al otro lado del océano. En las cosas que se han escrito sobre Miguel Delibes estos días no ha sido infrecuente un cierto tono de condescendencia: el novelista de la vieja Castilla, el cronista de un mundo rural extinguido, el hombre bondadoso y sencillo. Pero las mejores novelas de Miguel Delibes desprenden un fulgor casi doloroso, en el que la belleza del mundo natural y el desamparo de los inocentes son profanados con mucha frecuencia por la fatalidad que persigue a los que no tienen nada, por la brutalidad de los fuertes, por el cambio de los tiempos, que arrastra por igual lo mejor y lo peor, y que en un país como la España de los años sesenta trajo oleadas simultáneas de prosperidad y devastación. El costumbrismo es una falsificación azucarada de lo singular, de lo aparentemente primitivo. Lo que hay en las grandes novelas de Miguel Delibes no es costumbrismo sino observación meticulosa de las vidas humanas y de los trabajos y las ensoñaciones de la gente común; un oído tan exacto para los nombres de las cosas, de los animales y las plantas, como para los matices del habla. Pero el resultando, siendo tan verídico, tiene el poderío y la originalidad de una completa invención literaria.»

Texto completo aqui.



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«Tenho a suspeita de que a espécie humana - a única - está prestes a extinguir-se e que a Biblioteca perdurará: iluminada, solitária, infinita, perfeitamente imóvel, armada de volumes preciosos, inútil, incorruptível, secreta» Jorge Luis Borges