‘Pensar hoje’

Excerto de um artigo de Emilio Lledó, no Babelia de hoje:

«Por lo que me dicen, a principios del nuevo siglo, hay que pensar en él; en lo que nos traerá, en lo que nos quitará. Al intentar una respuesta a tan interesante pretensión, surge una primera dificultad. ¿Pensar lo que va a ser una época que se presenta, según se predica, como sociedad tecnológica, sociedad de la información, y otros retumbantes pronósticos? La respuesta podría dejarse a los profetas, augureros, pitonisos, magos, oscurividentes, clérigos o hechiceros de distintas sectas, que vaticinan sin cesar sobre nuestro futuro y hasta nos acosan con sus vaticinios. Pero, a lo mejor, eso no es pensar aunque tales personajes utilizan el lenguaje -el instrumento esencial de la comunicación humana- para crear formas de comunidad, identificaciones y diferencias, casi siempre con muy concretas y nada mágicas intenciones.
Pensar debe ser una forma mental que analiza lo que experimentamos en el curso de cada vida
Habría que saber primero lo que significa ese verbo “pensar”, esa palabra. No es un sustantivo: algo hasta
cierto punto firme, estable, duradero, como la mesa, la silla o incluso manejable como la pluma con la que escribo; o como mi amigo, o esa pareja que pasea ante mi balcón. Hay, sin embargo, una diferencia entre la pluma, la mesa y, sobre todo, mi amigo, o esa pareja que pasa ante mi balcón. La diferencia, así a primera vista, es que esos seres, esas personas, son también “sustantivos”, seres reales, que caminan, que respiran y sobre todo -por eso son personas- que tienen dentro de sí algo más etéreo, más inasible, que fluye por las neuronas y que sustantivamos llamándole pensamiento, aunque no lo veamos, aunque no lo podamos tomar en nuestras manos, ni siquiera cuando lo expresamos ni, casi, cuando lo escribimos.
Un objeto delicado, misterioso, porque está lleno de grumos mentales, de opiniones que se van formando y que, muchas veces, no podemos controlar, ni siquiera saber cómo han venido, por qué las tenemos. Desconocemos incluso si son verdaderamente nuestras o nos las han puesto en el cerebro, nos las han impuesto para cultivar nuestra ignorancia; para degenerarnos, desquiciarnos, hacernos agresivos e irracionales.
(…) La oposición entre los poderosos y los inermes, los “pudientes” y los que casi nada pueden, los farsantes y los inocentes, ha recorrido la historia de la humanidad. Pero hoy, precisamente, por el imperio de esas nuevas divinidades que llaman “mercados”, y con todas las excepciones que queramos, de sus indecentes mercachifles domina, como la “cólera de las imbéciles”, el mundo. La forma más indigna de dominio es la corrupción de la inteligencia, de la capacidad de discernir, de amar, de “contemplar el cielo estrellado fuera de mí, y la ley moral dentro de mí”. Y la corrupción de los “poderosos” fomenta la degeneración de sus lacayunos vasallos e incluso, en el colmo de su estulticia, la imitación. Sorprende que corruptos reconocidos, incluso condenados, sean votados, elegidos, por entontecidos ciudadanos -¿corrompidos también por su propia avaricia?
A lo largo de la historia siempre hubo semejantes deformaciones, pero en los comienzos del nuevo siglo mereceríamos que no fueran ya posibles las monstruosidades que nos trasmiten los medios de información y que parecen increíbles. Pero las sabemos y eso ya es importante, aunque nos las disuelvan en papillas ideológicas. Es, efectivamente, arriesgado estar en el mundo. “Es difícil ser bueno en un mundo malo”, decía la portada de una revista alemana no hace muchos años. Es verdad que la vida como tensión y camino, la “lucha por la vida”, parece caracterizar a los seres humanos. Pero todo ello, en nuestro convulso y cruel territorio, en la dura historia que día a día vivimos, produce un lamentable e indeseable fenómeno social: estamos tan asfixiados por la “sociedad de la información” -¿del conocimiento?- que acabamos por acostumbrarnos e insensibilizarnos.»



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«Tenho a suspeita de que a espécie humana - a única - está prestes a extinguir-se e que a Biblioteca perdurará: iluminada, solitária, infinita, perfeitamente imóvel, armada de volumes preciosos, inútil, incorruptível, secreta» Jorge Luis Borges