Hemingway ao palco

A partir do romance The Sun Also Rises, de Ernest Hemingway, a companhia nova-iorquina Elevator Repair Service criou uma encenação teatral em que o «palco repleto de cadeiras e garrafas de bebidas alcoólicas transforma-se sem dificuldade nos cafés de Paris ou nas ruas de Pamplona». Esta é a conclusão de uma trilogia que partiu de obras centrais da literatura norte-americana do século XX, iniciada com Scott Fitzgerald (O Grande Gatsby) e Faulkner (O Som e a Fúria). The Select termina a sua curta passagem por Lisboa logo à noite, a partir das 21h30, na Culturgest.

Hemingway e Cézanne

«En un fragmento eliminado de su relato El gran río de los dos corazones, Ernest Hemingway escribía a propósito de su alter ego: “Quería escribir como pintaba Cézanne. Cézanne empezaba por emplear todos los trucos. Luego lo descomponía todo y construía la obra de verdad. Era un infierno… Quería… escribir sobre el campo de forma que quedase plasmado como había conseguido Cézanne con su pintura… Le parecía casi un deber sagrado”. En su remembranza de sus primeros años en París, París era una fiesta, Hemingway escribió también sobre la influencia que había tenido en él el pintor francés cuando estaba aprendiendo su oficio: “Estaba aprendiendo de la pintura de Cézanne algo que hacía que escribir simples frases verdaderas no fuera suficiente, ni mucho menos, para dar a los relatos las dimensiones que yo quería darles. No sabía expresarme lo bastante bien como para explicárselo a nadie. Además, era un secreto”.
El secreto estaba en las pinceladas de Cézanne, cada una abierta y de textura visible, con repeticiones y variaciones sutiles, cada una llena de algo parecido a la emoción, pero una emoción profundamente controlada. Cada pincelada trataba de captar la mirada y retenerla y, al mismo tiempo, construir una obra más amplia, en la que había riqueza y densidad, pero también mucho de misterioso y oculto. Eso es lo que Hemingway quería hacer con sus frases. Después de contemplar la obra de Cézanne por primera vez en Chicago, luego en los museos de París y en casa de su amiga Gertrude Stein, lo que deseaba era seguir el ejemplo de esta última y escribir frases y párrafos a primera vista simples, llenos de repeticiones y variaciones extrañas, cargados de una especie de electricidad oculta, llenos de una emoción que el lector no podía encontrar en las propias palabras, porque parecía vivir en el espacio entre ellas o en los repentinos finales de algunos párrafos determinados.»

Início de um texto de Colm Tóibín, publicado na edição desta semana do suplemento Babelia, do El País.

Hemingway não tinha telefone

«October 8, 1929
Paris

Dear Hemingway,

Joyce would telephone to you if you had one. He asked me to ask you and Pauline to go to their house this evening at about nine. He hopes you will excuse the invitation coming at the last minute, but the party is quite impromptu. They only just now decided to have you. He hopes you are free.

Yours hastily,
Sylvia
(Please excuse scrawl)»

Eis uma carta de Sylvia Beach, do tempo em que ainda se enviavam cartas com convites para o próprio dia, partilhada por Mark Sarvas no seu blogue. E se fosse hoje? Joyce enviaria uma SMS? Hemingway andaria com um iPhone no bolso?

«Tenho a suspeita de que a espécie humana - a única - está prestes a extinguir-se e que a Biblioteca perdurará: iluminada, solitária, infinita, perfeitamente imóvel, armada de volumes preciosos, inútil, incorruptível, secreta» Jorge Luis Borges