Choque de titãs

Para perceber como funciona o Google Books Ngram Viewer (neste caso tomando como ponto de partida o corpus de livros mais vasto do Google Books, o de língua inglesa), lembrei-me dos seguintes duelos literários: José Saramago vs. António Lobo Antunes; Luís Vaz de Camões vs. Fernando Pessoa; Mario Vargas Llosa vs. Gabriel García Márquez.
Eis os resultados:

José Saramago vs. António Lobo Antunes

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(clique para aumentar esta imagem e as seguintes)

No início dos anos 80, Saramago e Lobo Antunes andavam mano a mano. Depois, em 1988, uma década antes do Nobel, Saramago descola. Não deixa de ser curioso que o auge das referências a Saramago, em livros escritos na língua inglesa, tenha acontecido em 2003.

Luís Vaz de Camões vs. Fernando Pessoa

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Na década de 40, Camões estava em grande. Depois, veio por ali abaixo, com picos ocasionais. Já Pessoa começa a subir na década de 80 (coincidindo com o centenário e com a internacionalização da sua obra). A tendência é para que a curva do Camões propriamente dito e a curva do putativo «super-Camões» fiquem cada vez mais próximas.

Mario Vargas Llosa vs. Gabriel García Márquez

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Quanto a uma das maiores rivalidades literárias do século passado, a que opôs Vargas Llosa a García Márquez, é nítido que a ligeira vantagem do segundo se acentuou a partir de 1982, quando o colombiano ganhou o Nobel. Infelizmente, os dados disponíveis terminam em 2008. Seria interessante verificar se Llosa, ao ganhar o Nobel este ano, já recuperou da desvantagem e passou de novo para a frente, como no final da década de 60.

Paixão, vício e maravilha

Ao ler o seu discurso do Nobel, terça-feira, Mario Vargas Llosa comoveu-se e chorou. Aparentemente, nunca tal acontecera na cerimónia protocolar de aceitação, em Estocolmo, como o secretário perpétuo da Academia Sueca, Peter Englund, confirmou ao El País. Mais importante do que as lágrimas de Llosa, porém, foi o discurso propriamente dito. Um vasto panorama da sua vida, da sua paixão pela literatura, do seu percurso político, do seu lugar no mundo. Um texto muito bem construído, alternando generalizações sobre as posições éticas e estéticas que defende com momentos de pura emoção, ao recordar a infância, os lugares que o formaram como homem (do Peru a Paris e Barcelona), a relação com a família e com a sua mulher, Patrícia.
É um belo discurso, que vale a pena ler de fio a pavio, para apreciar os requintes, as sinuosidades e os requebros da prosa empolgante do Nobel 2010.
Pela minha parte, destaco a seguir as partes que mais me impressionaram (justamente as que melhor cumprem o título: Elogio da leitura e da ficção).

«Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
(…) Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.
(…) gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.
(…) La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
(…) Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. (…) El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban “el pie ajeno” –lindo y triste apelativo–, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal.
(…) El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.
(…) “Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.
(…) La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.»

Llosa vs. Foucault

Através de Pedro S. Pereira, da Ohio State University, chegou-me às mãos o texto escrito por Pedro Meira Monteiro, investigador brasileiro a trabalhar nos EUA, sobre uma palestra que Mario Vargas Llosa proferiu na sua universidade (Princeton), poucos dias após a atribuição do Prémio Nobel de Literatura 2010.
É um texto instigante, que reage com inteligência ao ataque feito por Llosa a Foucault e ao desconstrucionismo. Aos dois Pedros, agradeço a gentileza do contacto e a permissão para partilhar esta resposta com os leitores do BdB:

O anti-Foucault

Uma das muitas virtudes do pensamento conservador é lembrar, aos que temos a veleidade de afirmar-nos imunes à cantilena da conservação, que o nosso discurso é sempre guiado por fantasmas. De fato, não há voz que se sustente sem espectros. Quando falamos, a potência muitas vezes inconfessável que nos move é aquela que trabalha por materializar, diante de nós mesmos e dos que nos ouvem ou leem, um fantasma.
Anteontem, em Princeton, Mario Vargas Llosa, recém-laureado com o Prêmio Nobel de Literatura, proferiu uma palestra intitulada “Breve discurso sobre la cultura”. Em sua fala, o alvo era, sem nenhum pejo ou temor, a figura “sofística” de Michel Foucault.
Incomoda profundamente, a Vargas Llosa, que a figura da Autoridade tenha sido profanada pela geração de 68, a qual, iludida, teria feito tábula rasa da “cultura” (que ele cuidadosamente utiliza no singular). Até aí, nada de propriamente surpreendente, já que a postura conservadora do escritor peruano é bastante conhecida. O que me surpreendeu foi ver um módulo do pensamento conservador, que eu tive a oportunidade de estudar em detalhe em outro momento, reaparecer, quase intacto, diante dos meus olhos incrédulos.
Quando escrevi sobre o visconde de Cairu – um economista do início do século XIX no Brasil – , flagrei-lhe, em meio ao mais empedernido conservadorismo, algo que então considerei quase genial: a capacidade de apaixonar-se quando expende seus argumentos contra um alvo. A questão é menos simples do que parece: é que um conservador existe siderado pela necessidade de reagir à soltura dos instintos e dos corpos. (Por isso, em geral, o conservador é aquele que sabe, com razoável ou inquebrantável segurança, o que é a “barbárie”.) No caso de Cairu, a soltura dos corpos se revelava plenamente na loucura da massa torpe e ignara (a Revolução Francesa), e nos avanços subsequentes do “dragão corso” (Napoleão Bonaparte) pela Europa. Eis o paradoxo: o autor, que cautelosamente reage aos indivíduos que se deixam tomar pelas paixões, deixa-se ele mesmo tomar pela paixão do discurso, lançando-se aos mais incríveis golpes de efeito poético, comparando, por exemplo, as revoltas provinciais no Brasil imperial a uma “explosão” de vontades mal concertadas, mais perdidas e enfurecidas que “os átomos de Epicuro” soltos no espaço. O velho ranzinza (o frei Caneca chamava-lhe “rabugento sabujo”) deixava-se tomar pelas mesmas paixões que pretendia controlar, e era pela soltura de sua imaginação, e de seus demônios, que vinham à página seus melhores momentos como escritor. O problema é que Cairu nunca foi um bom escritor.
Guardadas as diferenças e as proporções (Vargas Llosa é, naturalmente, um bom escritor), o autor peruano tem também o seu dragão, que não é corso, mas é ainda francês. Sua ira mal contida, derramada anteontem contra Foucault, chegou a momentos de incrível ousadia, como quando o espírito “sofístico” do filósofo de maio de 68 é lembrado em paralelo à degradação de seu corpo. É que Foucault, sendo o emblema mesmo da geração de 68, e herói-intelectual daquela aventura tresloucada, entregou-se também aos desvios do corpo e da alma. Foi com pasmo que ouvi Vargas Llosa evocar as famosas e já folclóricas excursões do filósofo francês pelas saunas e bares gay de San Francisco, até o ponto de que sua morte com AIDS (referida também na palestra) ficasse no ar, como uma espécie de justiça poética e maldita, que recai sobre aquele que tragicamente negou o aspecto dissoluto de sua vida moral.
Houve outros momentos de pasmo para mim, como quando sua ira se estendeu a toda uma tradição do pensamento crítico no pós-68, e quando, dos teóricos pós-estruturalistas (De Man, Derrida), ouvimos as piores coisas, pelo menos até que, num estranho golpe de misericórdia, se dissesse que o que tal pensamento produziu não é muitas vezes mais que uma inútil e aparatosa “masturbação” (sic).
Eu respeito o pensamento conservador, e respeito especialmente aqueles que, como Vargas Llosa, têm a coragem de defendê-lo e de, ao mesmo tempo, sustentar publicamente sua voz, cultivando, ademais, a forma do diálogo. Há, contudo, pelo menos um equívoco grande naquilo que disse anteontem o ganhador do prêmio Nobel deste ano: em dado momento, ele reproduziu a já usada e cansada gracinha de que, diante de um texto de Derrida, nada ou pouco se compreende. Foi aí que pulei da cadeira, e vi meu próprio demônio diante de mim: não é verdade que ele nada tenha compreendido dos textos de Derrida! Que não compreendeu os textos em si, o seu “breve discurso” deixa claro. Mas ele compreendeu – e como conservador, compreendeu perfeitamente – que o gesto de desconfiança em relação ao sentido, que está no coração da aventura desconstrucionista, é o mais perigoso dos gestos, porque comporta a aposta no desejo e a possibilidade mesma do desvio. Mas desvio de quê? Rumo a quê? À cultura? Ou estamos todos perigosamente fugindo da cultura? Cultura de quem? Para quem?
Vargas Llosa não crê que, transviados, cheguemos à cultura. Por isso, o seu é o discurso da retenção, da contenção, e do recalque em relação aos poderes dissolventes do corpo, ou do Corpo.
É de fato uma enorme questão, que o “Breve discurso sobre la cultura” tem o mérito de trazer de novo à baila. Como acontece com quase todo conservador, o mais importante talvez não seja o que ele propõe, mas sim aquilo de que ele foge.

Pedro Meira Monteiro
(Princeton University)

A forma como Llosa terá atacado Foucault, moralizando a partir da conduta sexual do intelectual francês, não deixa de ser estranha, se a analisarmos à luz do seu último romance: O Sonho do Celta. É que um problema semelhante se colocava na abordagem à personagem central do livro, Roger Casement. Homossexual não assumido, Casement vai aparecendo ao longo da narrativa em momentos de entrega aos seus instintos sexuais, umas vezes consumados, outras vezes apenas com a sua fantasia como palco. A importância do comportamento do cônsul (apenas uma das muitas facetas da sua personalidade) prende-se com um dos nós dramáticos da aventurosa história deste irlandês. Condenado à morte por traição, Casement tinha muitos intelectuais do seu lado, assinando petições para um indulto por parte do governo inglês. É então que surgem, publicados nos jornais, supostos fragmentos dos seus diários secretos; os Black Diaries, nos quais o cônsul teria registado, em registo minimalista mas muito gráfico, as suas aventuras eróticas com rapazinhos em África e na Amazónia. O efeito da publicação destes excertos foi devastador, não só para a sua reputação como para o esforço dos seus amigos para o libertarem da forca. Até hoje, os ditos Diários Negros continuam a ser um foco de intensa polémica. Há quem garanta que foram manipulados e truncados (em suma, forjados) pelos serviços secretos ingleses, para desacreditar de vez Casement, e há quem garanta, com testes grafológicos, que os diários são verdadeiros. Em O Sonho do Celta, curiosamente, Llosa assume uma posição intermédia. Fazendo-se valer das prerrogativas romanescas, mostra-nos um homem que regista no seu diário alguns encontros amorosos esporádicos com rapazes novos, sim, mas que imagina todos os outros, nomeadamente os que mais poderiam escandalizar a sociedade puritana do início do século XX. Mais do que a transcrição da sua vida erótica real, os diários seriam o mapa do seu desejo recalcado. Em momento algum o narrador de Llosa deixa entender uma condenação explícita da sua personagem por razões morais. Pelo contrário, parece compreensivo diante do sofrimento e da angústia que aquela existência oculta decerto provocou em Casement.
Tendo isto em conta, custa-me efectivamente a entender o violento ataque a Foucault e a baixeza dos argumentos utilizados na conferência de Princeton. Mas, se as coisas se passaram da forma que Pedro Meira Monteiro descreve (e não tenho razões para duvidar da sua palavra), então prova-se mais uma vez que é sempre necessário separar o escritor do homem público que o encarna, porque a pequenez do segundo não deve pôr em causa a grandeza do primeiro.

O irlandês incorrigível

O Sonho do Celta
Autor: Mario Vargas Llosa
Título original: El Sueño del Celta
Tradução: Cristina Rodriguez
Editora: Quetzal
N.º de páginas: 438
ISBN: 978-972-564-919-0
Ano de publicação: 2010

Quando anuncia o Prémio Nobel de Literatura, nem sempre a Academia Sueca prima pela objectividade. O texto curtíssimo lido pelo secretário da Academia costuma ser tão abrangente e vago que se torna quase irrelevante. Isto é, vale tanto para o escritor distinguido como para a maioria dos que o antecederam. Este ano, porém, a justificação dada para a escolha de Mario Vargas Llosa não podia ser mais exacta: o Nobel foi para o escritor peruano «pela sua cartografia das estruturas de poder e pelas suas imagens incisivas da resistência, revolta e derrota dos indivíduos». Efectivamente, todas as obras essenciais de Llosa encaixam de alguma maneira nesta súmula. E não só as essenciais, também as menores – como este O Sonho do Celta, o mais recente dos seus romances, lançado em Espanha no início de Novembro (cerca de um mês após a euforia do Nobel) e ao qual a frase pronunciada em Estocolmo assenta na perfeição.
Desta vez, a «estrutura de poder» cartografada é o colonialismo do século XIX e as «imagens incisivas» revelam-nos a vida (feita de muitos actos de «resistência»), a «revolta» e a «derrota» de um indivíduo em particular: Sir Roger Casement (1864-1916), homem complexo e contraditório, uma daquelas personagens poliédricas – como o Paul Gauguin de O Paraíso na Outra Esquina; ou o ditador Trujillo de A Festa do Chibo – por quem Llosa se fascina, fazendo depois questão de nos mergulhar também nesse fascínio.
Seguindo de perto a biografia do cônsul britânico que foi enforcado por traição à pátria, deitando a perder o prestígio conquistado nas acções de defesa dos direitos humanos em África e na Amazónia, Llosa não deixa de lado nenhum dos momentos cruciais no percurso de Casement: a morte da mãe quando tinha nove anos (orfandade edipiana que o marcará para sempre); as viagens em África, de início acreditando nas virtudes civilizadoras do colonialismo, depois desiludindo-se, ao constatar a exploração abjecta dos trabalhadores negros nas explorações de borracha e os abusos contra eles cometidos; a descoberta e denúncia de um horror paralelo na América do Sul, à custa dos indígenas da região de Putumayo; e por fim o empenhamento na causa nacionalista irlandesa, que culmina com a participação falhada no levantamento da Páscoa de 1916.
O fio narrativo central acompanha os últimos dias de Casement na prisão de Pentonville, enquanto aguarda que o Conselho de Ministros inglês, órgão do governo para o qual trabalhou anos a fio, se pronuncie sobre um pedido de clemência que ainda o pode salvar da condenação à morte. Nesta espécie de limbo, vai recebendo algumas visitas (advogados, amigos, uma prima, um padre) e recapitulando, em longas e detalhadíssimas analepses, os tais momentos-chave: as deambulações pelo Congo, onde viu o rosto da barbárie (e o descreveu a Joseph Conrad, com os resultados que se conhecem); a luta titânica contra o poder da Peruvian Amazon Company, de Julio C. Arana, que marcava os índios como gado e lhes arrancava orelhas ou a própria vida só por capricho; a angustiada vivência da homossexualidade (que contribuirá para a sua queda, ao ser revelada da forma mais crua nos célebres Black Diaries, ainda hoje objecto de polémica, por haver quem acredite que foram forjados pelos serviços secretos britânicos); o difícil sonho de uma Irlanda independente (o anti-colonialismo levou-o a descobrir o “irlandês incorrigível”, a tender para o radical, que havia dentro de si); e a aproximação à fé católica, acelerada à beira do cadafalso.
O problema é que o livro, apesar das suas mais de 400 páginas, parece sempre apertado, a rebentar pelas costuras, sem espaço para o leitor respirar. Há talvez informação a mais e literatura a menos. Abundam os factos, mas não as frases memoráveis. Mais do que um romance biográfico, O Sonho do Celta é uma biografia romanceada. Bem feita e interessante, sim, mas incapaz de nos arrebatar. E de Llosa, com ou sem Nobel, é sempre isso que se espera.

Avaliação: 6,5/10

[Texto publicado no suplemento Actual, do semanário Expresso]

La broma

Vargas Llosa e a dúvida do Nobel, numa ilustração do Colectivo Francês.

‘O Sonho do Celta’ em português, ainda este ano

Até agora, Mario Vargas Llosa era publicado em Portugal pela Dom Quixote, do grupo LeYa. A partir de agora, vai ser editado pela Quetzal, do grupo Porto Editora. Uma “aquisição” feita muito recentemente e que representa um revés importante para a LeYa, que perde um Nobel no momento preciso em que ele se nobeliza (ainda por cima para os principais rivais), e uma espécie de jackpot para a pequena Quetzal, que vai publicar ainda este ano o novo romance do escritor peruano, El Sueño del Celta, que só será posto à venda em Espanha e no mundo hispânico a 3 de Novembro.

PS – Segundo fonte da D. Quixote, o contrato assinado por Vargas Llosa com a Quetzal diz respeito apenas a O Sonho do Celta e não a toda a obra futura, que estará ainda sujeita a negociações, um combate de que a D. Quixote não abdica. Seja como for, mesmo que não tenha perdido a guerra, o certo é que a editora da LeYa perdeu uma batalha importantíssima. Quanto às obras anteriores de Llosa, os seus direitos continuam a pertencer à D. Quixote, que as tenciona reeditar.

Primeiros parágrafos

«Cuando abrieron la puerta de la celda, con el chorro de luz y un golpe de viento entró también el ruido de la calle que los muros de piedra apagaban y Roger se despertó, asustado. Pestañeando, confuso todavía, luchando por serenarse, divisó, recostada en el vano de la puerta, la silueta del sheriff. Su cara flácida, de rubios bigotes y ojillos maledicentes, lo contemplaba con la antipatía que nunca había tratado de disimular. He aquí alguien que sufriría si el Gobierno inglés le concedía el pedido de clemencia.»

[in El Sueño del Celta, de Mario Vargas Llosa, Alfaguara, 2010]

O momento da verdade (em sueco)

Llosa no ‘El País’

Um dossiêr mais do que completo, completíssimo. Vale a pena ler esta entrevista, das primeiras que Mario Vargas Llosa deu depois do anúncio desta manhã. Uma entrevista em que dá provas de gratidão para com os seus editores (o que só lhe fica bem):

«¿Y cuál fue su primer pensamiento, la primera reflexión sobre su historia como escritor? Fíjese que pensé, primero que nadie, en Carlos Barral; él hizo que recibiera un estímulo formidable cuando me presenté al premio Biblioteca Breve con La ciudad y los perros; hizo lo imposible porque yo saliera adelante. Y Carmen Balcells, claro; Carmen me empujó literalmente a la literatura; los dos dieron por mí una batalla inolvidable. Los he citado en todas partes ahora que me han dado el Nobel. Y he citado a España, porque sin ese país hubiera sido imposible la difusión de mi obra, y por tanto el entusiasmo que me dio para seguir escribiendo. Y algo que quiero que recoja, Carmen Balcells e Isabel de Polanco fueron en las últimas épocas de mi vida, cuando ya se aceleró la publicación de mis obras en España y en América, fundamentales en mi trayectoria editorial. Y nunca olvido eso. No olvide usted de hacerlo constar.»

Mais à frente, Llosa explica que é a literatura que escreveu (no fundo o desígnio, e talvez a maldição, de todos os grandes escritores):

«Mi escritura es mi vida, es lo que soy. Soy la literatura que he hecho. Toda, y el periodismo también. Con respecto al futuro, voy a hacer todo lo posible para que la vida no cambie. Esta es una inyección de entusiasmo; pero mi vida no va a cambiar. Seguiré teniendo iniciativas, posiciones; esa libertad que ejercito seguirá siendo mi libertad como escritor, como periodista y como ciudadano.»

«Tenho a suspeita de que a espécie humana - a única - está prestes a extinguir-se e que a Biblioteca perdurará: iluminada, solitária, infinita, perfeitamente imóvel, armada de volumes preciosos, inútil, incorruptível, secreta» Jorge Luis Borges