A paz no coração do bosque
«Cuando escribo una novela me siento como un ciervo que se aleja y busca la paz en el corazón del bosque. Hoy parece difícil comprender eso, pero hay un placer muy intenso en el gesto de marchar, de alejarse de cierta cotidianidad. Hace 13 años que dejé la seguridad de un trabajo y corté con el mundo editorial. Los primeros meses, el primer año, es extraño: no tienes citas, comidas, cenas, entrevistas organizadas. Nadie te llama. Hay una cierta forma de venganza, que es lógica, porque si tú has querido alejarte, los demás sienten eso con cierta agresividad. La sociedad tiende a comportarse de manera mafiosa. Mire, en el siglo XVII, un comerciante o un magistrado, cuando cumplía los 50, tenía derecho a consagrar el resto de su vida a Dios. Ahora la obsesión es mantener los vínculos sociales hasta el último minuto, entretener a los jubilados o hacerles trabajar de nuevo. No te dejan escapar hacia una relación más vertical, como la que podían buscar los eremitas o quienes se refugiaban en un convento. Eso permite tener una mirada distinta sobre lo que es tener una vida plena, sobre lo que es la felicidad. Creo que una de las cosas más tristes, más siniestras que le pueden ocurrir a uno es tener que simular alegría y felicidad todo el tiempo, como esas personas que viven de salir en la pequeña pantalla: me suicidaría si tuviese como oficio el ser feliz por obligación.»
Pascal Quignard, em entrevista ao El País


Receba por e-mail


